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jueves, 4 de septiembre de 2014

A nuestra imagen y semejanza





No podemos entender ni el origen ni el porqué del universo y buscamos un creador como explicación, aunque esto nos devuelva al mismo enigma de partida, pues queda entonces por aclarar el origen y el porqué del creador. Para resolver ese pequeño contratiempo sin importancia los creyentes aseguran que al creador no lo creó nadie, que allí estuvo siempre, y así zanjan el problema. Lo único cierto es que el universo es un misterio inconmensurable del que todavía no hemos podido ni tan siquiera rasgar el envoltorio de sus secretos. Y es tanto el miedo, la angustia y la zozobra que nos produce el no comprenderlo, que desde los albores de la humanidad hemos necesitado forjar una respuesta a medida de nuestra corta capacidad de discernimiento. Dioses con ojos, dioses con barba, dioses de múltiples brazos, dioses desnudos y vestidos, dioses de ojos redondos y rasgados. Dioses negros. Dioses blancos. Dios es toda la respuesta que nuestras pequeñas mentes han sido capaces de encontrar para explicar lo inexplicable. Dios no es otra cosa que nuestra pobre e infantil solución a un problema irresoluble. Dios no nos necesita, pero nosotros sí lo necesitamos a él, y es por ello que hace mucho, muchísimo tiempo, que el hombre decidió crear a Dios a su imagen y semejanza, y no al revés.

viernes, 24 de abril de 2009

Técnica eugenésica

Seleccionar embriones es según la iglesia católica una técnica eugenésica. Poco importa que al hacerlo se salve una vida o se evite el sufrimiento de un ser que con toda probabilidad nacería gravemente enfermo o minusválido. La Iglesia también creía que la tierra era plana y estática, y que el Sol y todo el firmamento giraban alrededor de ella. También pensaba que Dios había creado el universo en siete días. Ni uno más, ni uno menos. Luego cambiaron de idea. No les quedó más remedio. La ciencia demostró que nuestro planeta era redondo y que entre su formación y la llegada de la vida habían pasado no unos cuantos días sino más bien unos cuantos miles de millones de años. Ahora le toca el turno a la genética. No han cambiado de mentalidad, solamente han cambiado la diana sobre la que disparar sus envenados dardos, su cerrazón mental y su mala leche. Si por ellos fuera estaríamos todavía en la edad media, sometidos a su santísima voluntad, por supuesto. Mejor harían en decirles de una vez y para siempre a los creyentes si existe el limbo o no. Porque es un cachondeo que con cada nuevo pontífice el limbo aparezca y desaparezca como la isla canaria de San Borondón. Pero al obispo de Roma todo eso le trae sin cuidado, según parece su infalibilidad es tan infinita que hasta cuando se equivoca tiene razón.