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jueves, 8 de abril de 2021

Vivir y morir a la madrileña (Por la regla de tres)

 

Con una escalofriante cifra de 341.000 fallecidos por COVID-19 a día de hoy, Brasil, el sexto país más poblado del mundo, llena titulares y es por lo general utilizado en las noticias como ejemplo de una desastrosa e ineficiente gestión frente a la pandemia. Pero las matemáticas no son ni tan caprichosas ni tan maleables como lo son la política y los medios de comunicación, y aquella simple regla de tres que nos enseñaron en la escuela sigue sirviendo, hoy como entonces, para mucho más que sacar buena nota en el examen.

Brasil tiene una población de 212.740.000 habitantes, por lo que la tasa de mortalidad por COVID-19 en aquel país es de 160 personas por cada cien mil habitantes. Eso significa que el gigante sudamericano tiene, exactamente, la misma tasa de mortalidad que España donde, hasta la fecha, ha habido 76.037 fallecidos con una población de 47.351.567 habitantes.

Apliquemos ahora la misma regla de tres a la comunidad que, durante toda la pandemia, ha presidido Isabel Díaz Ayuso: Madrid tiene 6.779.888 habitantes y el número actual de fallecidos por COVID-19 asciende a 14.662. La tasa de mortalidad de la comunidad madrileña es por tanto de 216 personas por cada cien mil habitantes.

Lo voy a repetir para que quede bien claro: Por cada cien mil habitantes en Brasil han muerto 160 personas a causa de la COVID-19 desde el inicio de la pandemia mientras que en Madrid han fallecido 216. Un 35% más.

Se trata de una operación matemática sencilla como un juego de niños pero su resultado es tremendo, bochornoso y demoledor porque deja a la intemperie una realidad tan mensurable como terriblemente cruel: Que esa forma “única” de vivir a la madrileña que la presidenta de Madrid decía querer defender el día que decidió disolver la asamblea y convocar elecciones anticipadas, conlleva en realidad una forma “única” (y dramática) de morir a la madrileña.

Sí, porque en la comunidad de Madrid, desgraciadamente, y en lo que a la COVID-19 se refiere, se muere, efectivamente, de una forma “única”. Es decir, se muere mucho más que en Brasil, mucho más que en la mayoría de las restantes comunidades autónomas y mucho más que en otros países de la Unión Europea y de nuestro entorno.

No lo digo yo. Lo dice la regla de tres.          

sábado, 21 de mayo de 2011

En España también hay primaveras

La jornada de reflexión electoral más ruidosa de la historia de nuestra democracia ha comenzado a las 00:01 horas de hoy, 21 de Mayo de 2011, con más de cien mil personas acampadas en 116 ciudades españolas. La mayoría son jóvenes universitarios, llenos de utopías y de sueños rotos por culpa de un sistema y una sociedad que lo único que se han preocupado de ofrecerles últimamente es un espacio muy grande y controlado para el botellón del fin de semana. Pero es viernes por la noche y al parecer estos chicos no se han enterado de nada, porque resulta que no solamente no están donde debían estar, es decir, en el descampado de su pueblo hartándose de alcohol, sino que se han puesto a hacer grupos de trabajo concentrados en carpas en pleno centro, durmiendo al raso, organizando asambleas y planteando exigencias y reivindicaciones, clamando contra políticos y banqueros, reclamando democracia real ya. Ahí es nada. Es verdad que España no es Túnez, ni Egipto, ni Libia, pero todos sabemos que nos sobran razones para convertir cada plaza de nuestras ciudades en una Plaza de la Liberación más. No tenemos un dictador al que echar, pero nos sobran políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos tan retorcidos, canallas, manipuladores y mafiosos como cualquiera de esos gerifaltes norteafricanos cuyas cabezas tanto nos alegra ver caer. Los blogs y las redes sociales han cruzado el Mediterráneo. Aquí también es primavera y también tenemos internet. Esta vez la revuelta toca en casa.