viernes, 23 de diciembre de 2011

"Yo si estuve allí" Veinte ex altos cargos reivindican a Zapatero

Ellos estuvieron allí, sí, desde luego que estuvieron. Estuvieron allí cuando congelaron las pensiones. Estuvieron allí cuando bajaron el sueldo a los funcionarios. También estuvieron allí cuando subieron el IVA que pagamos todos y eliminaron el impuesto sobre el patrimonio que pagan los más ricos. Desde luego estuvieron allí cuando al partido socialista se le olvidó que lo era. Y por eso el mío fue uno de esos cuatro millones de votos que el 20-N o se quedaron en casa o se fueron a otra parte. Para asegurarme de que ya no volvieran a estar allí. Es obvio que hay mucho PSOE por hacer. Pero sobre todo hay mucha “S” y mucha “O” por reafirmar en esas cuatro siglas ahora mismo vaciadas de contenido.

domingo, 30 de octubre de 2011

Un error contable


A todos aquellos a los que les parece jocoso, increíble y tercermundista que un país como Alemania encuentre de pronto que tiene en un cajón cincuenta y cinco mil millones de euros más de lo que pensaba, solo quiero decirles que, en cuanto a economía se refiere, Alemania, como siempre y una vez más, me da envidia. Si en España, en Grecia, en Italia o en Portugal tuviéramos la desgracia, Dios no lo quiera, de encontrarnos un error contable en nuestras finanzas, les puedo asegurar que no sería para descubrir que tenemos más dinero de lo que creíamos, sino más bien para caer en la cuenta de que estamos peor y más endeudados de lo que nos habían dicho previamente. Ellos encuentran los euros por miles de millones debajo de las alfombras y nosotros cada vez que levantamos una encontramos un agujero mayor. Como decía mi abuela “Dinero llama a dinero” y “Al perro flaco todo se le vuelven pulgas”.

martes, 27 de septiembre de 2011

Alerta en El Hierro por una posible erupción volcánica

Con infinito cariño, para mis amadas islas y todos los volcanes que las parieron:

Tenemos la curiosa costumbre de hacer de la naturaleza nuestra enemiga. Un volcán en erupción no es una tragedia, es un parto. Nueva vida. Una alegría aunque llegue con dolor. El día en que la tierra deje de escupir lava será porque está muerta. Y ese día nosotros también moriremos. Los terremotos, los tsunamis, los huracanes, los volcanes, los movimientos tectónicos, las riadas y desbordamientos rejuvenecen la faz de la tierra, crean montañas, sacan a la superficie minerales, regeneran los ecosistemas, permiten a un terreno volver a la prehistoria geológica y empezar de cero. La culpa no es de ellos sino nuestra. Construimos pueblos en laderas imposibles y al borde de barrancos listos para ser arrasados el día en que a esos barrancos les dé por hacer lo que siempre hicieron: correr, desparramarse, arrastrar torrentes de agua ¿Pero es que nadie les enseño en la escuela cómo se formaron y para qué sirven los barrancos? Levantamos complejos turísticos en cada metro cuadrado del Caribe, donde desde que el hombre es hombre, cada verano, los huracanes arrasan todo lo que encuentran a su paso. Ponemos hoteles al pie del Etna, del Teide. Plantamos San Francisco en medio de una falla que está destinada a abrirse en canal y dejar California flotando como isla en el Pacífico. Construimos centrales nucleares a la orilla misma del mar en la costa más sísmica del planeta. Tecnología punta japonesa para una estupidez universal. Y lo peor de todo es que tenemos los conocimientos necesarios para no hacer semejantes barbaridades. Pero nos tapamos los ojos para no ver y jugamos a que aquí no va a pasar nada. Y si pasa los llamamos desastres naturales. En realidad el único desastre natural que hay sobre la tierra somos nosotros. Y lo de natural nos queda grande, a juzgar por los pechos de silicona y los labios rellenos de toxina botulínica que pueblan la telebasura, las pantallas de cine y los anuncios. Me van ustedes a perdonar pero así reviente el Hierro, y dé a luz un poco de vida en este planeta moribundo y llene de nueva lava, savia nueva, el efervescente Atlántico. Un volcán, eso es lo que son todas las Islas Canarias. No las construyó Sacyr Vallehermoso. Cada trocito de suelo que allí se pisa salió de las entrañas de la tierra. No es más que lava. Lava lavada, lava gastada, lava erosionada, lava pulida, lava fría y en algunas partes, todavía, lava caliente. Y siguen vivas, las islas. Por suerte para ellas, y para el planeta. Aunque nos fastidie, nos inquiete y nos desoriente. Están vivitas y coleando, y a lo mejor un día deciden sacudirse las pulgas (y la toxina botulínica) de encima.

jueves, 7 de julio de 2011

Los piratas eran ellos

No pararon hasta que consiguieron que nos cobraran un impuesto preventivo, un canon digital que presuponía que éramos culpables de copiar fraudulentamente material de otros, negándonos la presunción de inocencia, uno de los pilares básicos de nuestro estado de derecho. Nos bombardearon con anuncios que nos comparaban con vulgares carteristas, con desalmados arrancadores de bolsos sobre motos ruidosas. Pretendieron convencernos de que copiar una canción o una película era como robar un coche deportivo o un diamante, obviando el hecho de que mientras estos son artículos de lujo, la música y el cine son cultura, y como tal, pilares de nuestra sociedad, de nuestra democracia y de nuestra libertad, a los que todos deberíamos tener pleno y garantizado acceso. Se colaron en bodas como falsos invitados, para filmar inadvertidamente a los novios y presentarles una demanda después por haber bailado “Paquito el Chocolatero” o “Macarena” sin pasar por caja antes. Denunciaron a ayuntamientos de 3.000 habitantes por representar obras de teatro del siglo XVII en la plaza del pueblo una noche de verano sin abonar las tasas correspondientes. Pretendieron cobrar de conciertos benéficos más dinero en derechos de autor de lo que se había recaudado en taquilla. Acribillaron a bares de barrio por encender una tele o poner una radio para entretener a la clientela. Y todo lo hicieron al más puro estilo mafioso, aunque sin necesidad de ametralladora, que para eso el gobierno aprobaba leyes que les hacían el trabajo sucio. Quisieron hacernos creer que eran los adalides de los artistas y creadores. Que defendían sus derechos y sus obras. Y al final va a resultar que no éramos nosotros los deshonestos, ni los ladrones, y que los piratas eran ellos.

sábado, 21 de mayo de 2011

En España también hay primaveras

La jornada de reflexión electoral más ruidosa de la historia de nuestra democracia ha comenzado a las 00:01 horas de hoy, 21 de Mayo de 2011, con más de cien mil personas acampadas en 116 ciudades españolas. La mayoría son jóvenes universitarios, llenos de utopías y de sueños rotos por culpa de un sistema y una sociedad que lo único que se han preocupado de ofrecerles últimamente es un espacio muy grande y controlado para el botellón del fin de semana. Pero es viernes por la noche y al parecer estos chicos no se han enterado de nada, porque resulta que no solamente no están donde debían estar, es decir, en el descampado de su pueblo hartándose de alcohol, sino que se han puesto a hacer grupos de trabajo concentrados en carpas en pleno centro, durmiendo al raso, organizando asambleas y planteando exigencias y reivindicaciones, clamando contra políticos y banqueros, reclamando democracia real ya. Ahí es nada. Es verdad que España no es Túnez, ni Egipto, ni Libia, pero todos sabemos que nos sobran razones para convertir cada plaza de nuestras ciudades en una Plaza de la Liberación más. No tenemos un dictador al que echar, pero nos sobran políticos corruptos y empresarios sin escrúpulos tan retorcidos, canallas, manipuladores y mafiosos como cualquiera de esos gerifaltes norteafricanos cuyas cabezas tanto nos alegra ver caer. Los blogs y las redes sociales han cruzado el Mediterráneo. Aquí también es primavera y también tenemos internet. Esta vez la revuelta toca en casa.

lunes, 16 de mayo de 2011

No era esto

Abandonar a los estados miembros a su suerte si las cosas vienen mal dadas. Echar el cerrojo en las fronteras si un país recibe un aluvión de emigrantes procedentes de cualquiera de los más de mil y un desastres humanitarios que se otean en el horizonte. Esa es la propuesta ya defendida por una mayoría de los países miembros de la Unión Europea. Nos vendieron esta Europa como la de los ciudadanos. Siempre supimos que era en realidad la Europa de la empresas eléctricas, de la banca, de los fabricantes de automóviles y las compañías aéreas. La Europa de las multinacionales que se han hecho de oro con la misma velocidad con que la población se ha empobrecido. Y aun así aceptamos ilusionados el caramelo de una Europa sin fronteras con su moneda única que parecía sacada de una partida de Monopoli. Un sueño casi tan fantástico como una película de Disney para hombres y mujeres que medio siglo antes se estaban matando entre sí. Aunque el de Europa sea un matrimonio de conveniencia, como en cualquier enlace debemos estar unidos en la riqueza y en la pobreza, en las alegrías y en la tristeza. En vez de cerrar otra vez las fronteras, Europa debería asumir como propios los problemas que se presenten en aquellos países que por su situación sean más propensos a recibir oleadas de emigración irregular, y ayudar a prevenirlos, a manejarlos si se producen y a buscar soluciones. Si no les gusta nuestra frágil y sensible realidad mediterránea que no nos hubieran aceptado de entrada. Nuestra particularidad geográfica no es cosa de hace dos meses. Es milenaria y está históricamente documentada. En las costas de Italia y España han desembarcado cuantas civilizaciones y cuantos invasores hubo a lo largo y ancho de este Mare Nostrum desde que el hombre existe. Nuestra delicada posición formaba parte del paquete que llevábamos incorporado cuando nos subimos a este barco. Y ahora que estamos en él no pueden recriminarnos, ni restregarnos por la cara, que los emigrantes que desembarcan en nuestras playas lo hacen en Italia o en España y son nuestro problema. No señores, no llegan a Italia o a España, llegan a Europa, a la misma Europa de Shell, de Bayer, del Deutsche Bank, de Endesa, del BBVA, de Nestlé, de Inditex, de Nokia, de Telefónica, de BP. No hay dos Europas, no puede haberlas. No podemos permitir una unión sin fronteras para las empresas y otra insolidaria y con controles para el ciudadano de a pie. No era eso lo que nos habían prometido. No era esto.

martes, 15 de marzo de 2011

Ciudadano Garzón

Garzón no es un ciudadano más, como él dice, es una diana, a la que muchos llevan tiempo apuntando y muriéndose de ganas por agujerear. Él, como juez, no tiene más remedio que defender que la justicia es igual para todos. Pero en su fuero interno debe saber que no es así. Los jueces son seres humanos, tienen ideas políticas y, lamentablemente, las aplican cada vez con más saña, en un país cuyos medios de comunicación ya no tienen ningún reparo en dividir a los magistrados en progresistas y conservadores mientras estos callan y otorgan porque efectivamente se sienten y se saben de izquierdas o de derechas. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie, que también tienen sus ideas políticas, hacen piña con unos u otros y desde el gobierno y la oposición se lanzan mensajes, subliminales o no, mostrando sus particulares simpatías y su esperanza, ellos le llaman confianza, de que el veredicto será el que ellos consideran debe ser. Y así la verdadera justicia en la que ya nadie cree se ha autoexiliado de nuestra existencia y esa señora otrora de ojos vendados y portadora de una balanza es ahora más que nunca una cazadora que con ojos bien abiertos y mirilla telescópica carga en su mano la escopeta con la que liquidar al adversario más próximo y molesto. La justicia que alguien, aquí, en este país, afirmó una vez que era un cachondeo, ya no es ni siquiera eso. Se ha convertido en un tiro de pichón y en un “tonto el último”.

martes, 1 de febrero de 2011

El patio de recreo

El mundo está lleno de dictaduras. A unas se las castiga con el embargo, como a Cuba, a otras se las tiene por amigas y aliadas, y a otras no sólo no se las denomina como tales, sino que hasta se las considera tan benignas, y tan necesarias, que cuando un día los medios nos informan a los ciudadanos de que allí, o allá, existe un dictador que lleva treinta años haciendo lo que le da la gana, se nos queda cara de bobos. Se nos pone expresión de, esperen, verán, es que yo vengo leyendo los periódicos y viendo los telediarios hace treinta años y ustedes no han llamado a este señor dictador ni una sola vez. Y de pronto, sí, qué bien, por fin, menos mal que la gente quiere democracia, claro, claro, que se la den. Alucinante. Y luego, como olvidarla, está la otra dictadura, la grandísima dictadura, China, con la que no solamente el mundo entero negocia, ante la que el mundo entero agacha la cabeza, con la que todo el mundo traga y contra la que no hay la más mínima crítica. Peor aún, ojala y fuera solo eso, es que todos parecen envidiarla y querer ser como ella. La próxima gran potencia la llaman. La economía que más crece. Qué maravilla. El espejo en el que se miran las economías occidentales. Hasta ese grado de ruindad hemos llegado. Ahora resulta que las democracias admiran y respetan lo que hace un país gobernado con mano de hierro por el partido comunista. Pero por supuesto eso será solamente y puntualmente y exactamente hasta que los chinos hartos de mordazas y represión, hartos de miedo y de cárceles de por vida por pensar diferente, hartos de que les digan lo que pueden o no pueden ver por televisión y qué páginas pueden consultar en internet, hartos de eso y de mucho más, salgan a la calle a reclamar la libertad que nosotros pensamos que ellos no se merecen, porque recordemos que solamente los cubanos, pobrecitos, merecen ser rescatados de las garras de su feroz dictador. Los chinos no. Los chinos que trabajen y produzcan para occidente sus cacharritos baratos, sin derechos humanos que valga, ni libertad de expresión, ni jornadas laborales, ni fines de semana, ni vacaciones, ni edad mínima de trabajo, ni máxima, ni media, ni tres cuartas partes, ni melindres que valgan. Qué sigan así, los chinos, como han estado los egipcios de Mubarak, como estuvieron los tunecinos de Ben Ali y los chilenos de Pinochet, como estuvimos los españoles de Franco, sin que el mundo levante una mano en señal de ayuda, hasta que la hora sea apropiada, hasta que las masas se echen a la calle, y entonces todos dirán democracia sí, seguro, por supuesto, cómo negársela, se la merecen, siempre los hemos defendido, claro, que se la den, es su derecho, han sufrido, se han cansado, se la han ganado, sí, sí, les apoyamos, por supuesto que les apoyamos, casi con la misma fuerza con la que antes apoyamos a sus dictadores durante décadas, aunque tal vez con la boca más pequeña, que ya sabemos que más vale dictadura amiga conocida que democracia no se sabe cómo por conocer. Mientras tanto, sigan embargando a Cuba, y con ella salvan su cara de defensores de nadie sabe bien qué. Porquería de democracias occidentales, matones de colegio venidos a menos que incapaces de meterse con los de su tamaño, se ponen a hacer el macarra siempre con el más pequeño, el único al que pueden amedrentar en el patio de recreo.